El lenguaje de la corbata: símbolo eterno de la elegancia masculina

La Corbata es el accesorio que conforma la médula espinal del guardarropa masculino. Cuestionada en otro tiempo por su excesiva rigidez formal, ahora reina incluso entre las firmas y diseñadores de vanguardia. Además, nunca se vio tal cantidad de calidad en torno a los famosos siete pliegues de la seda más delicada.

Decía el novelista Alberto Moravia: “Al hombre moderno se le permite un accesorio que le deja revelar su visión del mundo, señalar su presencia en él: la corbata”. De hecho, esta se ha convertido con el paso del tiempo en el accesorio masculino que más caracteriza la personalidad y el gusto de quien la lleva. Pero su variedad en el uso es tan relativa que a algunos les basta con poseer cinco y, en cambio, a otros no les son suficientes ni superando el medio centenar, necesitados como están de poseer todos los colores del espectro, en diferentes estampados y materiales.

A mediados de los años 20, el neoyorquino Jesse Langsdorf inventó un modo de cortar las corbatas para que se deformaran y arrugaran en la zona del nudo. En aquel momento, aún se basaba la moda en las llamadas régates de mediados del siglo XIX. Lo que hizo el norteamericano fue cortarlas con la tela al biés, en un ángulo de 45 grados, con seda como forro y muselina en la entretela; un sistema que se ha conservado hasta hoy (de hecho, apenas ha habido grandes evoluciones en torno a la corbata en los 90 años que han transcurrido desde entonces).

Las variaciones son mínimas ente un estilo y otro de confeccionar corbatas. En Inglaterra, por ejemplo, diferencian entre las Macclesfield y las Spitasfield, según se hayan confeccionado en una u otra localidad. Las primeras se caracterizaban por sus dibujos pequeños, siendo asociadas a los trajes de boda, mientras que las segundas presentaban un estampado y diseño más grandes.

A la hora de elegir, los expertos recomiendan que destaque sobre el traje y la camisa, pero sin impactar. Una elección acertada es que sea de un color más oscuro que el de la camisa y más intenso que el de la chaqueta, y cada vez son más los que prefieren huir de la repetición de motivos con el pañuelo de bolsillo.